lunes, 18 de febrero de 2013

Advertencia, entrada primera


     Hola. Espero que cuando leas estas líneas no pase por tu mente que esto es un diario para niñas. Una vez realizada la advertencia no hay vuelta de hoja. Si no tienes estómago para continuar, no lo leas.

Me encontraba la semana pasada a bordo de un microbús, cuando una muchacha se subió gritando, llorando  e implorando que alguien le ayudara. Estaba golpeada del rostro y sangraba. No se le entendía muy bien lo que quería decir. Se le cayó un cuaderno a rayas, manchado de algo pegajoso. Lo levanté. Unos tipos la bajaron del micro a punta de golpes y groserías. En cuanto vimos las armas nos pusimos las manos en la cabeza y no dijimos nada. La patearon, abofetearon y le dieron un cachazo en la cabeza. Después de subirla a un vehículo, con los vidrios totalmente polarizados, no supe más de ella. Nadie acudió ante las autoridades correspondientes.

Al llegar a casa vomité. Cuando recobré la compostura recordé el cuaderno y comencé a leerlo.

Es aquí donde comienza la historia de Alma. Escribiré fragmentos de su diario en el mío que, como puedes leer, es electrónico o virtual, como quieras llamarlo, da igual:

“Son  las 4 de la tarde y apenas me voy levantando. Ayer fueron mis quince y me acosté temprano. Todo salió como  quería. La gente a la que quiero estuvo en mi fiesta: mis abuelos, tíos, primos, amigos y Joel. Me hubiera gustado que mis papás estuvieran conmigo en una fecha tan importante. Estoy segura que desde el cielo me cuidan.

Después que todos se fueron a dormir, Joel y yo nos quedamos platicando hasta el amanecer. No solo platicamos. Llegamos hasta segunda base. Lo dejé con ganas de más, pero todavía no estoy lista, quiero que sea un momento especial, recordarlo como algo bonito para toda la vida. No como a mi prima Vanessa, que dió su brazo a torcer y ahora no tiene marido. Además, tiene que ir a trabajar todos los días para alimentar a su chamaco”.

Como puedes ver, Alma era o es, no lo se, una chavita como cualquier otra. Conforme vaya leyendo un poco más de su diario, iré escribiendo en el mío. No es que te considere  morboso, pero esto se pondrá feo,  así que solo tú sabes si continúas la lectura.

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